
¿Sabías que los cisnes tienen una pareja durante toda su vida? Así
comenzó una de nuestras muchas conversaciones. Fueron innumerables las charlas que mantuvimos sobre pájaros. Le entusiasmaban las aves.
Me enseñó que las grullas apretaban sus cuerpos cuando se sostenían sobre una pata, para darse seguridad. Que los albatros volaban decenas de kilómetros al día para volver a casa; las tórtolas se arrullaban con ternura cuando estaban cerca; los búhos se turnaban en sus vigilias para que el otro descansara; los loros se acicalaban mutuamente, todos los días. Incluso que en el polo sur no hay lugar para corazones fríos, pues el amor entre dos pingüinos es para siempre.
Poco a poco esas charlas se fueron apagando. Yo encontré un apuesto pavo real con el que acabé formando un nido que no resultó perfecto, y él desapareció de mi vida tras alzar el vuelo en silencio.
Cuando años más tarde lo vi convertido en un solitario vencejo, entendí que nunca se trató de pájaros.
Texto incluido en la revista Brevilla Miniaturas del corazón en abril 2026.
